Al tipo que se dio cuenta demasiado tarde

Yo estaba como, ¿estås de broma, verdad? No, tienes que estar bromeando. Después de todo el tiempo que he pasado y las lågrimas que he derramado. ¿Ahora quieres decirme que soy yo? Sí, claro que lo soy, idiota. Eso es lo que intentaba decirte. Todas las veces que te rogué que volvieras a casa. Todas las veces que me convertí en detective para localizarte. Todas las veces que te perdoné cuando finalmente te localicé. Todo porque, a pesar de todas las otras «elegidas» que tuviste, de alguna manera creí que yo era «la elegida». Que nunca vuelva a ser tan joven y tonta.

LuchĂ© por ti. IntentĂ© ser todo lo que necesitabas para que no te desviaras. CreĂ­a que el engaño tenĂ­a algo que ver conmigo, porque me hacĂ­as sentir asĂ­. Una vez me dijiste que estar con ella (con una en concreto de entre un mar de ellas) era pacĂ­fico. Estoy seguro de que lo era, porque ella seguĂ­a pensando que era la Ășnica. Le hice saber amablemente que no lo era. Estar conmigo tambiĂ©n era pacĂ­fico, hasta que empezaste a correr sobre mĂ­ y empecĂ© a perseguirte como la loca que me hiciste. Estar conmigo tambiĂ©n era pacĂ­fico, hasta que empezaste a no responder a mis llamadas durante dĂ­as y a inventar excusas poco convincentes. Era jodidamente bueno contigo, hasta que descubrĂ­ que me engañabas. Todo el tiempo.

Ni siquiera sĂ© por quĂ© me quedĂ© despuĂ©s de la primera vez. Creo que porque era una niña y necesitaba ganar. Necesitaba ser la elegida. Dios mĂ­o, odio lo desesperada que estaba por ti. Odio lo enferma que me hacĂ­a sentir cuando comprobaba tu buzĂłn de voz y escuchaba las voces de otras chicas dejĂĄndote mensajes. Odio encontrar las pruebas que demuestran lo que siempre supe en el fondo. Nunca fui la Ășnica. Incluso cuando las cosas iban bien, y estaba tranquila y recibĂ­a la suficiente atenciĂłn por tu parte como para empezar a creer que cambiarĂ­as, nunca fui la Ășnica. LlegĂł un punto en el que ni siquiera creo que me doliera ya.

Entonces un día te miré y me dio asco. Me tocaste y me encogí. Pensar en ti en mi cama me hizo vomitar en la boca. Pasaron siete años, pero un día mi cuerpo se hartó físicamente de ti y me dio asco. Fue el mejor día de mi vida. Ni siquiera te lo hice saber. Te fuiste y después te dije que no ibas a volver nunca. En silencio, tranquilamente. Al principio no me creíste. Me llamaste hasta que te diste cuenta. No tardaste mucho en darte cuenta de que esto era diferente a todas las demås veces que había terminado.

Porque esas otras veces luché, grité, vociferé, te emití todas las formas en que me hacías daño y te dije que había terminado, pero lo que realmente quería era que te defendieras. Que siguieras comprometida conmigo, porque una mala atención era mejor que ninguna. Quería luchar hasta que te disculparas y prometieras cambiar. Cosa que siempre hacías. Pero esta vez no había nada por lo que luchar. Había terminado de luchar y no me importaba que cambiaras.

Ver también:Serå demasiado tarde para amarla cuando sea indiferente

Entonces quisiste cortar con todas las demås chicas, entonces quisiste ser el hombre que yo necesitaba pero ya era demasiado tarde. No sé si habrías cambiado o no, de alguna manera lo dudo. Te veo por ahí y oigo hablar de tus travesuras de vez en cuando. Parece que me he salvado de una vida de miseria.

de Tia Grace

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