4 razones por las que desenamorarse da más miedo que enamorarse

Crees que enamorarse da miedo. Te estás dejando llevar por algo que no puedes controlar: tus emociones.

Además, te estás abriendo a una persona completamente nueva. Estás dejando que entre en tu vida sin contenerte; te estás exponiendo.

Te arriesgas a que te hieran y te rompan el corazón. Y eso es algo que todos tememos, queramos admitirlo o no.

Por otro lado, piensas que desenamorarse siempre es un alivio. Que esa sensación de pasar una nueva página de tu vida equivale a una liberación emocional, física y mental.

Pues piénsalo otra vez. El proceso de desamor es todo menos eso. De hecho, en la mayoría de los casos, da más miedo que enamorarse. He aquí el motivo.

1. Es algo que nadie quiere

Seamos sinceros. No importa en qué momento de la vida te encuentres, todos queremos enamorarnos en algún momento.

Puede que actualmente huyas de ese pensamiento debido a una experiencia dolorosa anterior, pero lo cierto es que uno de los objetivos últimos de toda persona viva es, entre otros, encontrar el amor romántico.

Cuando eso ocurre, nadie piensa en el final. En cambio, a todos nos gusta suponer y esperar que cada relación que iniciamos dure toda la vida. Que cada vez que nos enamoramos, será para siempre.

No esperas que tu romance termine cuando lo empiezas. No pones fecha de caducidad a tu relación ni a tus sentimientos.

Sin embargo, por desgracia, las cosas no siempre acaban como queremos e imaginamos. A veces, te desenamoras, a pesar de que eso era lo último que habías planeado.

Y eso hace que todo sea aún más aterrador: el hecho de que nos golpee, en contra de nuestros deseos. Que sea algo que no podemos controlar y que nunca deseamos.

2. Te haces daño a ti mismo y a la otra persona

Desenamorarse nunca es pan comido y es todo menos fácil. Por el contrario, es doloroso tanto para la persona que lo experimenta como para la que se deja.

Cuando te enamoras, nunca esperas que las cosas se desmoronen. No lo haces sabiendo conscientemente que pronto te harás daño a ti mismo y a la persona a la que hasta ahora habías amado tanto.

Sin embargo, cuando se trata del proceso inverso, todo es diferente. Es un proceso de desamor que no se puede evitar.

Quizá tu relación sea teóricamente perfecta, pero simplemente no sientes nada por tu pareja. Si este es el caso, te sientes culpable por permitirte desenamorarte de alguien que no lo merecía.

Te sientes culpable por no ser capaz de controlar el hecho de que tengas que romper su corazón en pedazos. Y de saber que también destroza el tuyo.

Cuando te obligas a desenamorarte de alguien que sabes

no merece tu corazón, también duele. Duele saber que tienes que dejar ir, que debes alejarte, que tienes que matar todas tus emociones.

3. Te cuestionas todo lo que sabías

Cuando te estás desenamorando, empiezas a cuestionarte a ti mismo, a tu pareja sentimental, a toda tu relación y a todo lo que antes sabías sobre el amor.

¿Estás haciendo lo correcto? ¿O estás cometiendo el error de tu vida?

¿Es sólo una fase? ¿O realmente todo lo que has sentido por tu pareja se ha ido para siempre?

Todas estas preguntas te están poniendo ansiosa, deprimida y nerviosa. Y lo que es más importante, te están haciendo dudar de tu propia cordura y capacidad de decisión.

4. Estás saliendo de tu zona de confort

No importa si fuiste feliz en el amor o no, a lo largo de los años, este sentimiento se ha vuelto familiar para ti. Se ha convertido en una parte de lo que eres y ahora tienes que dejarlo atrás.

No importa si te desenamoras después de una relación de larga duración o con alguien que nunca te ha correspondido, la cuestión es prácticamente la misma.

Ese sentimiento que te ha abrumado durante años y que se ha convertido en tu consuelo se ha ido y tienes que seguir adelante sin él.

Tienes que reinventarte y descubrir la vida sin esas emociones que tantas veces te guiaron.